December 2, 2006 - Posted by cedequack- 7 Comments
Se me hace tremendamente difícil olvidar ciertas noches. Ha habido muchas, con sueños más o menos agradables, otros estupendos, sueños sexuales que son los que se producen más a menudo, sueños de verdades, de miedos, de terror, de deseos contenidos. Todas las noches soñamos, aunque no todos los días que nos levantamos somos conscientes de que lo hicimos. Recordamos aquellos que se producen hacia el final de la noche, los más recientes o bien aquellos que por su intensidad nos hacen despertarnos en plena madrugada. En estos últimos se activa como un mecanismo de autodefensa que impide que algo malo nos pase, aunque me pregunto si esto es siempre así, muchas veces tengo miedo de llegar al final de ese sueño y no ser capaz de despertarme para evitarlo del todo.
Hay dos noches que recuerdo con especial terror, no soñé ni con Freddys ni con sierras ni con monstruos ni seres excepcionalmente sangrientos y aterradores, hay otras cosas que pueden causar mayor estado de ansiedad que todo eso.
Una de esas noches la he denominado BUCLE, es una pesadilla aterradora, que aún despierto me persigue y no cesa hasta bien entrada la mañana, suerte que se ha producido un par de veces y hace ya tiempo. En pleno sueño veo un cuadrado grande y a continuación, dentro de él aparece otro más pequeño y seguido de otro más pequeño y más pequeño y más y más pequeño, unos tras otros sin descanso. Cuando el cuadro pequeño no tiene espacio para dar a luz a otro cuadro más pequeño aún, aparece de nuevo el cuadrado grande para volver a repetirse una y otra vez el mismo bucle infinito. No soy consciente del tiempo que se produce esa situación mientras duermo, pueden ser minutos o quizá horas, no puedo pararlo porque no estoy despierto y aquello sigue una y otra vez, cansando mi mente, creando en ella una rutina que cuando entonces ya sí soy consciente y me despierto, todos aquellos cuadrados siguen repitiendose una y otra vez ya despierto, aunque con menos intensidad hasta que desaparecen al cabo del día, dejándome bastante cansado mentalmente. Es como cuando se ve una luz brillante y permanece en la retina a pesar de que miremos a otra parte, tarda en desaparecer.
La otra de las noches es algo bastante sorprendente. Muchas veces es probable que estemos dormidos, soñando con cualquier cosa, es posible que esto lo hayáis experimentado, el estar por ejemplo soñando con un parque o con un sitio donde estais haciendo algo, da igual lo que sea y de pronto, aunque no venga a cuento, en el mismo sueño aparece alguien que no toca y nos empuja, está allí, es real, en el sueño, lo hemos puesto nosotros. Y de pronto abrimos los ojos y vemos que una persona distinta a la de nuestro sueño nos está despertando, pero comprobamos que ha habido una mezcla entre el mundo real y el de los sueños, por corta que fuese, como si se tratase de una premonición de futuro a muy corto plazo de tan solo unos segundos de que alguien nos iba a despertar.
Pues bien, este otro sueño al que me refiero, tiene algo de premonición aunque a una escala un poco mayor, de minutos. Nunca se me olvidará ese 16 de Julio, pleno verano, la persiana bajada pero por cuyas rendijas entraba aún algo de luz de luna. En mi sueño veía luces, dos concretamente, aunque no a la par, sino espaciadas en el tiempo. Me pareció despertarme y ver una de ellas, anaranjada, grande como un sol, detrás de la persiana, me asusté. Enseguida fui a buscar a mi madre para que la viese, era relamente grande, tanto, que al despertarme (o creyendo que lo hacía) ya no sabía si estaba echándome la siesta o era de noche. Al ver a todos dormidos, supe que era de noche ciertamente y mi madre vino a la habitación, miró y… allí no había ya nada, ninguna luz como un sol atravesando las rendijas de las persianas, tan solo la luna a un lado, blanca.
Esa noche no fui capaz de dormirme, pasaba el tiempo y yo sabía lo que había visto perfectamente, pero había quedado como uno de esos visionarios de ovnis al que nadie cree. De pronto, tras las rendijas, la luna, a su paso por el cielo se iba tornando naranja con el paso del tiempo, cada vez más, un momento después, esta brillaba naranja como un gran sol en la posición contraria de la persiana donde yo la había soñado.
Nunca más en tantos años he vuelto a ver la luna de ese color y ese tamaño, quizá fue una distorsión que amplificó la luz o el tamaño de la luna, no lo sé, cosas que ocurren en el universo y que aún se desconocen en muchas circustancias sus fenómenos aunque este seguramente tenga una explicación. Fue ese día, precisamente en mi sueño y en ese momento, una distorsión que puede que además de afectar a lo que vemos, nos afecte incluso a nosotros mismos como una especie de energía que nos capacita para cosas que, aunque seguramente relacionadas con la ciencia, se desconocen.
¿Por qué somos capaces de predecir que alguien nos despierta? ¿Por qué nuestro cerebro se crea un bucle y piensa y actua por sí solo hasta que nosotros le tomamos el control? ¿Nos afectan los planetas, los vientos solares, los vientos que pululan por el espacio confiriéndonos alguna que otra capacidad que aun no se haya explicado y que tenga un motivo científico? Estas preguntas seguramente tienen respuestas ya dadas. Es patente que en luna llena nacen más niños, que aumentan las mareas, por el universo hay muchas energías, fuerzas de atracción, magnetismo.
Somos lo que vemos, pero lo que no vemos está también ahí, tiene su espacio y forma parte del universo y de nosotros mismos, puesto que venimos de todo eso que está fuera. Somos parte del todo y en el todo aún hay rincones a los que no encontramos respuestas.
November 1, 2006 - Posted by cedequack- 7 Comments
La soledad. A nadie le gusta quedarse solo. Es aburrido no tener a alguien con quien hablar, con quien compartir las experiencias de cada día, necesitamos estar junto con otras personas para sentirnos bien. Estar solo significa no tener a nadie a quien poder rebatir una idea, con quien enfadarnos, reirnos o… simplemente estar.
La soledad eterna no es algo que pase por nuestra cabeza, pero siempre, aunque no lo queramos, hay veces que nos quedamos solos, con nosotros mismos. Estamos ahí, en una habitación, fuera de casa, en un parque, en cualquier lugar, sólo nosotros, no hay nadie a quien hablar, sólo nuestros pensamientos rondando la cabeza, uno detrás de otro, pensando innumerables temas, tantos que a veces nos abruman.
Y es a esta soledad a la que unos tienen miedo y otros adoran. Son momentos de tranquilidad que nos hacen pensar en lo que ha ocurrido durante el día, en lo que ocurrió años atrás, da igual cuando sucediese, vuelven a acudir a nuestra mente como viejos recuerdos. Piensas entonces en lo que has hecho hace un momento, en si te arrepientes o no, en cómo lo pudiste haber hecho de otra forma y si todo tiene una solución, indagas en tí mismo, pensando por qué te has podido comportar así, qué es lo que ha hecho que salga de ti una parte u otra de tu forma de ser, te sorprendes de lo que eres capaz de hacer o decir en determinadas situaciones.
Y los que tienen miedo a ese momento de soledad, paran ahí. Cuando ven que llegan a un punto donde cada vez llegan más adentro, profundizando más dentro de sus sentimientos, encontrando y descubriendo cosas que permanecen tapadas muy en el interior, paran. Les da miedo pensar que aquello que descubran pueda cambiarles, lo tapan pensando rápidamente en otras cosas, buscan una alternativa rápida para callar todo ese interior, llaman a un amigo o amiga, quedan para cenar, huyen de esa soledad, enmascaran los sentimientos con una capa de… quien sabe el qué. Pero todo eso sigue ahí, está tapado, como pueda estarlo un yogur en la nevera, pero sin fecha de caducidad.
Por el contrario, la gente que no teme a ese momento de soledad, indaga hasta lo más profundo de su ser, no tienen miedo a lo que descubran. Un simple insulto que reciban de otra persona les hace activar un mecanismo de auto- pensamiento, recapacitando primero el porqué esa persona les insultó y llegando a cuestiones más y más profundas que ya nada tienen que ver con el tema principal. Son capaces de mirar su existencia como personas a través de los ojos de los demás, de plantearse temas tan trascendentes como el origen de la vida, el porqué de la vida y mucho más allá. Bien podría llamarse a eso filosofía, porque afecta a temas trascendentales del ser humano, de su pasado, presente, futuro y del devenir de las cosas. Lo que empezó como una mirada dentro del ser mismo, termina con una mirada extensa al resto de la vida humana.
Quizá fueron las circustancias de cada uno dentro de su vida lo que hace que cada persona opte por huir de los momentos de soledad o no, del tener o no miedo a revivir experiencias pasadas que nos lo hicieron pasar mal, de poder afrontarlas mirándolas de frente para decirles que no tenemos miedo y que seremos capaces de descubrir su procedencia y vencerlas o bien huir de nuevo y dejar que se asienten dentro de nuestro corazón y nos tomen el control.
Me englobo dentro del grupo que se sienta a veces a meditar, a pensar las cosas y darles un giro, a asustarme o alegrarme por cómo he actuado en determinadas situaciones y no tener miedo a ello. Puede que por las circustancias a las que me refería antes, lo que vives a tu alrededor cuando eres pequeño, lo que hacen de ti los demás cuando estás deseando expresar que no quieres sentirte como te describen ellos. Todo eso hace que dia tras dia te pares a pensar, cada vez más, llegar más adentro y descubrir que dentro no existe el miedo, sino algo tan bonito y preciado como la verdad.
October 13, 2006 - Posted by cedequack- 11 Comments
Nuestro apego a las cosas, la necesidad de tener un orden en nuestras vidas diarias, el que los demás nos quieran, desear que todo lo que hacemos diariamente nos salga bien… nada de esto escapa a un fenómeno que nos hace evitar ciertos objetos y animales, asustarnos de que otros tantos se nos caigan de las manos, repetir una secuencia de acciones con las que espantar los malos espíritus. Las supersticiones.
No se puede creer o dejar de creer en ellas puesto que no son algo físico, simplemente se es o no se es supersticioso, es como decir que se cree en el amor, pues la realidad es que se es o no se es romántico, aunque sean frases ya comunmente utilizadas en nuestro lenguaje.
Si eres supersticios@ muchas veces habrás visto con espanto cómo un niño abre un paraguas dentro de la casa, habrás evitado pasar por debajo de las escaleras, por debajo de puentes o por debajo de un arco u otras formaciones que creen un espacio que corte la “energía vital” o incluso habrás intentado hacer oídos sordos en la mesa cuando alguien te pedía que le pasases la sal, por miedo a que se te cayese y así evitar el triste trago de tener que coger el bote y pasarlo dos veces por cada hombro antes de volver a dejarlo sobre la mesa.
Las personas que no son supersticiosas simplemente se dejan llevar por sus impulsos, mientras que las supersticiosas, dependiendo del grado de superstición (que hay rangos y rangos), primero tienen ese impulso y posteriormente en su imaginación se activa un mecanismo que le frena a realizar la acción para o bien cambiar de actitud o bien realizar algún tipo de ritual antes de enfrentarse a tamaño desafío.
A continuación, allá van algunos ejemplos de supersticiones, empezando como no, por el día que nos ocupa, Viernes 13.
|
Viernes 13
Desde tiempos remotos, el número 13 ha sido fatídico, debido principalmente a la muerte violenta que sufrieron varios dioses decimoterceros de la Antigüedad y, ¡cómo no!, a la suerte del decimotercer invitado en la Última Cena de Jesús. Por otro lado, el viernes adquirió en el mundo sajón su reputación de día nefasto, debido a la muerte de Jesús. Obviamente, la coincidencia del número 13 y del día viernes no puede ser de peor agüero.
|
|
Pasar por debajo de una escalera
Esta y otras supersticiones asociadas a las escaleras están relacionadas con el miedo al patíbulo. Antiguamente, debido a la gran altura que éste solía tener, había que usar una escalera de mano para colocar la soga en la posición correcta, así como para retirar después el cadáver del condenado. Cualquiera que pasara por debajo de la escalera corría el peligro de encontrarse con el muerto. De ahí viene la superstición.
|
|
Derramar la sal
Mala suerte, si esto le ocurre al manipular el salero, a menos que se apresure a tomar una pizca y arrojarla por encima del hombro izquierdo “directamente a la cara del diablo”. Porque éste es el sitio desde el que Pedro Botero, es decir, el diablo, espera paciente a que nuestra naturaleza pecadora renuncie al alma para siempre. La sal arrojada no tiene otro fin que cegarlo temporalmente, para que el espíritu tenga tiempo de volver a quedar afianzado por la buena suerte. Desde la Grecia antigua, la sal ha tenido un gran poder simbólico: procede de la Madre Tierra, del mar; las lágrimas y la saliva son saladas, y conserva, condimenta y enriquece los alimentos.
|
|
El gato negro
En el mundo del misticismo, los gatos son portadores de un poder mágico infinitamente superior al del hombre. Con toda probabilidad, esta antigua creencia deriva de la adoración a la diosa egipcia Bubastis, que tenía forma de gato. Los egipcios estaban convencidos de que los gatos poseían alma, y prueba de ello son los restos momificados de estos felinos, que se cuentan por miles, hallados en las excavaciones arqueológicas. En la Edad Media, las brujas convirtieron al gato negro en un elemento imprescindible para efectuar sus rituales y hechizos. Hoy en día, los supersticiosos temen al gato negro que se cruza en su camino. Este hecho representa con claridad el conflicto que existía entre la Iglesia, la cruz y las prácticas paganas de la brujería.
|
¿Eres supersticios@? ¿Has confiado alguna vez en alguna superstición? ¿Quieres contar un hecho curioso sobre este tema? Participa escribiendo en los comentarios
