Pumpkins

¿Qué símbolo tendría algo que no es físico? Si hablamos de la fiesta de Halloween, un símbolo representativo de la misma es sin  duda la CALABAZA, una calabaza a la que vaciamos por dentro a base de cucharazos, abriéndole la “tapadera” por la parte de arriba.

Cómo hacer tu propia calabaza:
1. Hacer un boceto a lápiz sobre un papel para después trasladarlo con un rotulador a la parte delantera de la calabaza. Ese boceto será de una cara terrorífica.
2. Con un cuchillo partimos la parte superior en forma de tapadera, con un hueco lo suficiéntemente grande para que quepa nuestra mano para vaciar la calabaza por dentro.
3. Vaciar la calabaza y cortar las secciones del dibujo del boceto ya pintado en la parte delantera, siempre desde dentro hacia fuera para que no se rompa todo. Una vez hecho el recorte, empujar suavemente hacia el interior para que salga la pieza recortada.
4. Cortar un círculo en el fondo para que quepa la vela o aquello que queramos que le de luz interior.

 La historia del por qué se utiliza la calabaza y no otro objeto, tiene su base, como casi todas las cosas, en una historia leyenda:

Hace muchos, muchos años, un tacaño y pendenciero irlandés, llamado Jack, tuvo la mala fortuna de encontrarse con el diablo en una taberna, en la Noche de Brujas. Jack, conocido borracho, había bebido mucho pero pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago. El diablo se transformó en una moneda para pagarle al camarero, pero Jack rápidamente lo tomó y lo puso en su monedero. Como Jack tenía una cruz en su monedero, el diablo no pudo volver a su forma original. Jack no dejaría ir al diablo hasta que le prometiera no pedirle su alma en 10 años. El diablo no tuvo más remedio que concederle a Jack su reclamación.
Diez años más tarde, Jack se reunió con el diablo en el campo. El diablo iba preparado para llevarse el alma de Jack, pero Jack pensó muy rápido y dijo: “Iré de buena gana, pero antes de hacerlo, ¿me traerías la manzana que está en ese árbol por favor?”. El diablo pensó que no tenía nada qué perder, y de un salto llegó a la copa del árbol, pero antes que el diablo se diese cuenta, Jack ya había tallado rápidamente una cruz en el tronco del árbol. Entonces el diablo no pudo bajar. Jack le obligó al diablo a prometer que jamás le pediría su alma nuevamente. Al diablo no le quedó más remedio que aceptar.

   Jack murió unos años más tarde, pero no pudo entrar al cielo, pues durante su vida había sido un golfo, borracho y un estafador. Pero cuando intentó entrar, por lo menos, en el espantoso infierno, el diablo tuvo que enviarlo de vuelta, pues no podía tomar su alma (lo había prometido). “¿Adónde iré ahora?”, preguntó Jack, y el diablo le contestó: “Vuelve por donde viniste”. El camino de regreso era oscuro y el terrible viento no le dejaba ver nada.. El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido directamente del infierno, para que se guiara en la oscuridad, y Jack lo puso en un nabo que iba comiendo, para que no se apagara con el viento.

   Jack estaba condenado a vagar en las tinieblas eternamente…..

De ahí que a estas calabazas de Halloween a veces podamos también verlas con el nombre de “Jack-O-Lantern Pumpkins” (Las calabazas linterna de Jack) y que haya sido Jack el personaje elegido para películas y cuentos como “Pesadilla antes de Navidad”. Pero curiosamente esta leyenda tiene su propia base también en una tradicción celta, donde los poblados celtas ahuecaban los nabos y depositaban en su interior carbón para iluminar el camino a los muertos para llegar al mundo de los vivos.
Es por eso también que simboliza el que esta mágica noche soñemos con que los muertos regresan a la vida.
 



Nuestros seres queridos

Son innumerables las religiones que existen hoy día y que existieron en épocas antiguas. Cada una con sus rituales, unas basadas en creencias místicas, otras en creencias naturales, la mayoría de ellas nacen de hechos, que estudiados a conciencia, son muy similares entre sí y tienen orígenes concordantes muy bien definidos. A partir de ese origen cada una adopta según las ideas que conciba un estilo diferente, unos ritos distintos que la diferencian de las demás para hacerla única e inimitable. Unas aceptan el símbolo del agua purificadora, mientras que para otras lo es el fuego. Otras eligen el color negro en señal de duelo por un ser que murió, mientras que hay otras que adoptan el color blanco para esa misma situación.

Sin embargo, dentro de cada una de ellas se pueden encontrar puntos comunes. Uno de esos puntos comunes es sin duda el respeto a los espíritus de las personas que ya no están vivas. Ya sea porque simplemente son respetados por cariño o porque a los espíritus les otorgamos una fuerza mayor y sobrehumana que nos causa respeto, en ningún caso intentamos hacerlos sentir mal, los respetamos y cuidamos en nuestras mentes como si aún siguiesen vivos.

En ocasiones, cuando nos sentimos mal o queremos hacerles partícipes de la alegría que nunca pudieron compartir con nosotros, les hacemos un pequeño hueco en nuestra vida real, como si realmente estuviesen aún a nuestro lado.

Nos sobrepasa la idea de que, como dicen los textos, puedan estar observándonos, escuchándonos, al lado de nuestros oídos dándonos consejos para guiarnos por un buen camino, o bien convertidas en otro ser, en otra sustancia que pueda ser planta o animal y siempre permanezca a nuestro lado. Sea cual sea la forma en la que los imaginamos, en todas las religiones sentimos que están en otro mundo paralelo, participando de nuestras alegrías y desgracias.

Da igual cual sea la religión con la que nos sintamos más identificados, si se viste de blanco, negro o verde, si convertimos a nuestros seres queridos en cenizas de las que renacer o les momificamos para conservar su alma y cuerpo como si estuviesen en vida, si acudimos a un templo en vez de a otro… la cuestión es que necesitamos creer que aquellas personas a las que tanto quisimos, siguen con nosotros de una u otra manera, que nunca nos abandonaron del todo, que siguen a nuestro lado y en nuestro corazón.