Estar en las nubes

Cuánto amo este juego. Una tarde de campo mientras atardece, echando una manta en la tierra o sobre la hierba, tumbado boca arriba, con las manos cruzadas por detrás de la cabeza, respirando hondo, mirando hacia arriba y observando como el viento se lleva a un ritmo pausado esas grandes masas de algodón que flotan en el cielo, transformándolas y dándoles forma a cada segundo, haciendo que lo que ahora es un caballo, dentro de dos minutos se convierta en un mar de enormes olas.



Son tantas… y el tiempo se hace tan corto. Cuando la luz deja de existir, se pierde toda su magia, asi pues hay que aprovechar esos instantes. Por las noches no somos conscientes de que soñamos hasta que nos hemos despertado y hemos recordado apenas retazos de lo que hemos experimentado, sin embargo, esas nubes ahí arriba, son una forma de soñar despiertos y encima disfrutarlo. Y no tienen por qué ser sueños solitarios, pueden ser sueños compartidos, con más gente, con niños a los que estas cosas les encantan, alzando el dedo uno tras otro hacia la superficie azul y gritando con sorpresa y emoción cada cosa que creen ver en esas formas blanquecinas, como si fuesen las verdades más absolutas.
Lo más divertido aparte de creer reconocer una forma, es que otro te diga que ha visto una forma distinta en otra nube, entonces todos se lanzan a mirarla para comprobar con ilusión que “es cierto, se parece a…!!!”.
Las hay con formas tan claras que, a pesar de haber visto la forma real en la naturaleza diaria miles de veces, nos volvemos a sorprender, de que el viento haya podido crear esa ilusión a su antojo, de que la naturaleza puede ser tan sutil, sencilla y a la vez complicada, que todo nace de la misma idea de abandono y desconcierto, de un descontrol dentro de un orden. El viento forma y se lleva vidas. Igual que durante un momento crea algo precioso, nos lo quita con la misma rapidez, como algo fugaz que nos hizo sentir y estar.





Mirando al cielo, se descubre todo eso. ¿Es tan solo un juego? Las formas de nuestros sueños pasan como en la vida, a través de nuestros ojos y tan solo somos capaces de interpretar algunas de ellas en solitario o compartido, el resto, simplemente, son para otros.
Todo ahí arriba es caos, dentro de un espacio en orden, pero al fin y al cabo un desenlace incierto. El viento empuja, cambia, fuerte o débil, son miles de parámetros los que juegan con esos algodones blancos y que si todo coincide a la perfección, nos hacen ver una forma bien definida o al menos algo que creemos reconocer, de entre las cosas que nuestra experiencia por el paso por la tierra nos ha enseñado.
¿Qué forma tienen para ti estas nubes? Pueden cambiar dependiendo del estado de ánimo, recuerda un poco a esas extrañas figuritas de tinta sobre papel que son formas inciertas y que pueden decir mucho acerca de una persona y sus sentimientos actuales.
Como todo en la vida, todo tiene diferentes formas de interpretación, muchas veces se coincide en lo más obvio o en lo más rebuscado y otras veces cada uno interpreta las cosas a su manera.
Mirar las nubes o mirar las cosas que pasan pausadamente o deprisa por la vida, no hay diferencias, cada cosa tiene un motivo y una razón y para cada uno es diferente.
Sí que es éste un precioso juego con un principio, tumbarse boca arriba en el suelo dejando la mente en blanco, y con un final, la puesta de sol que tiñe de color los blancos pensamientos para indicarle a nuestra querida imaginación que el juego, ha terminado.

Semillas de algodón…posible futuro de salvación. ¿Que por qué?



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